
Todo un descubrimiento el de este autor. La fuente: el blog de Joserra. Aunque no sacara ninguna otra recomendación digna, ésta justifica por sí sola seguir el blog en el futuro. Ribeyro es un autor peruano relativamente poco conocido. Podría encuadrarse en el boom iberoamericano, si no estuviera tan claramente al margen del boom. Es un gran cuentista. De estilo y contenido sencillo, claro. Serio pero lleno de ironía. Con personajes fuertes, perfectamente trazados desde la gran economía literaria propia del cuento. Las historias y situaciones son de lo más variado. La antología me fue gustando cada vez más. No es difícil acabar la lectura con la sensación de conocer profundamente al autor. Conocer y admirar.
Algunos relatos son maravillosos. Siempre sencillos, con los medios justos. Con muy pocas palabras, las situaciones y los personajes funcionan, se hacen “de carne y hueso”. En ésto recuerda a Borges (en los temas mucho menos, con excepciones como en cuentos como “la insignia”; en el sentido del humor, menos aún).
Los cuentos que más me han gustado: “Los gallinazos sin plumas”, el primero y el más terrible de todos, en el que un abuelo esclaviza a sus dos nietos para alimentar y engordar un cerdo. Un desenlace brutal se barrunta desde el principio. “La insignia” ironiza en torno al desconcierto de un sujeto que recuerda a un personaje de Kafka. “Al pié del acantilado”, una seria descripción de una vida al límite, llena de dolor y contención (qué gran narración en primera persona). “El chaco”, con otro personaje auténtico y asombroso. “Silvio en el rosedal”, bellísimo, entrañable, lleno de un modesto misterio. “Solo para fumadores”, autobiográfico. “Nuit caprense cirius illuminata”, el único realmente romántico, acerca del fantasma del amor perdido que se hace fugazmente palpable, o al menos visible (qué palpable resulta Yolanda!).
Una joya de libro que vuelve a demostrarme lo grande que es el género del cuento. Una novela puede ser más próxima, porque nos acompaña más tiempo, se mantiene junto a nosotros y llena nuestros pensamientos. Pero un cuento puede ser literariamente superior.
Algunos relatos son maravillosos. Siempre sencillos, con los medios justos. Con muy pocas palabras, las situaciones y los personajes funcionan, se hacen “de carne y hueso”. En ésto recuerda a Borges (en los temas mucho menos, con excepciones como en cuentos como “la insignia”; en el sentido del humor, menos aún).
Los cuentos que más me han gustado: “Los gallinazos sin plumas”, el primero y el más terrible de todos, en el que un abuelo esclaviza a sus dos nietos para alimentar y engordar un cerdo. Un desenlace brutal se barrunta desde el principio. “La insignia” ironiza en torno al desconcierto de un sujeto que recuerda a un personaje de Kafka. “Al pié del acantilado”, una seria descripción de una vida al límite, llena de dolor y contención (qué gran narración en primera persona). “El chaco”, con otro personaje auténtico y asombroso. “Silvio en el rosedal”, bellísimo, entrañable, lleno de un modesto misterio. “Solo para fumadores”, autobiográfico. “Nuit caprense cirius illuminata”, el único realmente romántico, acerca del fantasma del amor perdido que se hace fugazmente palpable, o al menos visible (qué palpable resulta Yolanda!).
Una joya de libro que vuelve a demostrarme lo grande que es el género del cuento. Una novela puede ser más próxima, porque nos acompaña más tiempo, se mantiene junto a nosotros y llena nuestros pensamientos. Pero un cuento puede ser literariamente superior.





